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Quijote y Panza, dos almas clown en persecución del sueño

Alegría Martínez

 

Don Quijote de la Mancha escapa rejuvenecido de páginas amarillentas para llegar a escena delgado y canoso, pero con la energía suficiente para subirse a una bicicleta, como a su amado Rocinante, junto a Sancho y su burro rucio, también con ruedas. Ambos bajo una nariz roja, como los personajes con quienes conviven, dan nueva vida al Ingenioso hidalgo, en Quijote y Panza, puesta en escena que deja huella en personas de todas las edades, que abrirán amplio espacio en su corazón y en la memoria para este Caballero andante y su escudero, nutridos con la esencia de Cervantes.  


Ante un ciclorama con la imagen de un inmenso librero, que abre espacio a una estrecha cortina roja de cada lado, se encuentra una larga mesa con mantel blanco y una silla al centro. El tablón de madera será comedor, escritorio, plataforma de salida rumbo a la aventura, campo con molinos de viento, tablao, campo, parte inferior de un teatrino y lecho vertical de muerte.



El famélico Rocinante con su cabeza cilíndrica de madera, pequeñas orejas y ruedas de bicicleta, como su compañero de andanzas sobre el que Sancho descansa su cuerpo con gran barriga, se integran dócilmente a un mundo en tonos marrones,  sepia y beige, donde el rojo destaca, además de las distintas narices, redondas o esbeltas, en los tenis de las doncellas y en sus guantes, o en el calzado del hostelero y el Maese Pedro.

Colores, formas y sonidos, hacen viajar desde la butaca hasta al siglo XVII, donde el humor serpentea por versos que se dicen y se “traducen”, a un lenguaje coloquial, entre danzas y juegos.   


La obra escrita por Lucero Trejo, aborda pasajes emblemáticos de la novela de Miguel de Cervantes, desde la búsqueda del nombre para el corcel del caballero,  la elección del escudero y de una Dulcinea a quien amar -aunque con desalentadores resultados- hasta la batalla contra ovejas y carneros -representados mediante cajas de madera con rodajas- incluida la representación del Retablo de “La libertad de Melisendra”, del Maese Pedro, con títeres en acción, y  el fallecimiento del Caballero andante una vez recuperada su cordura.



La dramaturga, elige certeramente algunos pasajes de la novela de Cervantes, reparte diálogos entre los personajes femeninos de la obra, que a ratos intervienen a manera de coro esclarecedor de palabras, metáforas y circunstancias, e incluye  el celebrado ovillejo del capítulo XXVIII que inicia con: “Quién menoscaba mis bienes/ ¡Desdenes!/¿Y quién aumenta mis duelos?/ ¡Los celos!/¿y quien prueba mi paciencia?/Ausencia…”.


Tierno y amable sin perder erudición, el texto hace desde el humor, señalamientos de instrumentos musicales que no corresponden a la época, destaca con sutileza el rechazo de Melisendra al abuso del poderoso, e   introduce tersamente al público en el universo quijotesco, mediante una equilibrada convivencia de verso, prosa y significados, en la que, si bien se alude al amor, Dulcinea pasa a otro término y abre paso a las hazañas quijotescas y a sus consecuencias.



El director Mauricio Pimentel -que además de actuar en cine, series televisivas y teatro, ha dirigido brillantemente obras destinadas a jóvenes e infancias- realiza de nueva cuenta un trabajo riguroso y depurado en el que cada acción tiene una lógica, los personajes se encuentran realmente dentro de la ficción que crean y desdibujan por segundos para dirigirse al público y acercársele entrañablemente.


Con un leve acento español, sin seseo, que pronto  se hace  familiar, los personajes del Quijote y su ayudante, -representado en esta ocasión por una actriz que amalgama la dulzura con la ingenuidad y el arrojo, propios del personaje- los aventureros destilan la emoción de  dos almas en persecución del sueño.

Cabe destacar la belleza de las imágenes, de la música que va del barroco al legado árabe y el dinamismo de las escenas que fluyen armónicamente con el descenso de la acción, según el suceso.

 La entrada triunfal de Sancho, que aparece como por arte de magia, detrás de una breve cortina de personajes, con sombrero y enorme panza, en enjundioso cante y baile flamencos, la cómica irrupción de las tres labradoras que no aplican para Dulcinea y la ceremonia en la que Alonso Quijano es armado caballero, por mencionar algunas escenas, son parte del memorable viaje al lugar de La Mancha.   



Tres actrices y un actor crean a los personajes de las desdeñosas labradoras, la sobrina y la empleada de la casa, además del Maese Pedro, el hostalero y el sacerdote. Manipulan títeres, molinos, tocan instrumentos de percusión, bailan y cantan.


El trabajo artístico del colectivo Teatral mexicano Los Alichanes, conformado por Diana Becerril, Antony de la Vega, Faride Ramírez, Dania Fuentes Marín, Magdalena Alpizar, y Víctor Vargas Avena, bajo la dirección de Mauricio Pimentel, le abre un  virtuoso lugar al idioma español, a su belleza, su sonoridad y su significad.


Este grupo de actrices y actores, le otorga a la pareja del Hombre de la triste figura y su escudero, una ternura que se expande. Los personajes femeninos despliegan una picardía que hace cómplice al público. Los personajes del cura, el mesonero y el Maese Pedro, con distintos rasgos que los identifican con claridad, se comunican abierta y  eficazmente con adultos, jóvenes e infantes.


Ningún paso es dado en vano en Quijote y Panza. Cada movimiento, mirada, acción, y sonido, se vinculan a una tarea escénica coherente dentro de un incesante juego en lenguaje de clown, que detona carcajadas, e irremediablemente, en los adultos, risas y más de una lágrima. El montaje cuenta con títeres de Gelos Giles,  diseño sonoro de Rodrigo Espinosa, diseño de producción de Mauricio Pimentel, Realización de producción de Raúl Medina “Gigio”, asistencia de dirección y producción de Bárbara Pohlenz, diseño de Iluminación, Aurelio Palomino y diseño gráfico de GUR.

 

 

Aquí el dato: Quijote y panza se presenta sábados y domingos a las 13:00 horas en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky, ubicado en Campo Marte, sin número, Polanco. Hasta el 8 de septiembre (El 21 de julio no habrá función).

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