Nahui, universo glauco
- Ignacio Torres

- 8 jul
- 4 min de lectura
Carmen Mondragón Valseca nació con el estruendo de un fusil.
El 30 de julio de 1893, veintidós días después de su nacimiento, el diario El Municipio Libre, publicado bajo dirección de Ignacio Bejarano, dio a conocer un extenso informe sobre las características, ventajas y bondades que presentaba el ya por entonces llamado fusil Mondragón. Se trataba de un arma inventada por el Mayor de Artillería, Manuel Mondragón, padre de la pequeña niña que, años después, deslumbraría a su ciudad, a su país y al mundo, con sus indagaciones artísticas, poéticas, estéticas y sensuales.
El arma surgió de manos de su padre... de su madre, Mercedes, nació Carmen el 8 de julio de 1893. Una bomba de ojos verdes, la artista, la poeta, la indagadora del éter, de la ciencia, de la conciencia y de la perspectiva circular. Para el 11 de julio ya se había anunciado en el diario La Patria que, en Atenas, Grecia, se realizaban meticulosas pruebas al fusil apellidado igual a la pequeña, por entonces de tres días de nacida, que estaba destinada a dinamitar expectativas y a plantear caminos que por entonces nadie supo ver por concentrarse en la belleza del cuerpo que contenía el infinito de su inteligencia, tan magnífica como sus curvas.
En su libro titulado Nahui Olin. La loca perfecta, de 2020, Valeria Matos plantea un recorrido entre lo fantasmagórico y lo etéreo. Entre el sonido de las voces del recuerdo, pero también las de ultratumba, una tumba que se anuncia, una muerte que ronda, un poema que se recuerda porque es creación y es vida. Antes de entrar en materia la autora advierte:
“Lo verdadero en estas páginas es la interpretación libre, la invención que se logra a partir de algunos hechos”.

Pero los hechos documentados sobre el devenir de Carmen/Nahui son pocos. Lo que ha puesto en aprietos a admiradores y estudiosos que buscan situar de una vez por todas a una mujer inconmensurable por atípica y excéntrica. Esto último en el sentido más literal, es decir, tuvo un centro distinto. Y a partir de esa descolocación en la que parece haber nacido, muy pocos, quizá nadie de su entorno inmediato, tuvo el tino de reubicarse para encontrar la grandeza de su indagación racional y artística, y no solo la fascinación por sus desnudos.
Una de las voces retomadas e interpretadas por Matos dice:
Bien sabes
Jamás he pasado inadvertida
Soy de ojos verdes primorosos
Me yergo como reflejo y anhelo de las otras sin excepción
Dueñas únicas de bocas cerradas
Pero ella nunca tuvo la boca cerrada, tenía mucho por decir y lo dijo. Lo gritó al viento y el viento se llevó la mayoría de su hacer, decir y creer.
Adriana Malvido, otra autora fundamental en lo que ha sido la ardua reconstrucción de Carmen/Nahui, ha dicho: “Cuando yo empecé a investigar esto no había nada escrito, había muy poco de Carmen y […] siempre mencionaban que era hija de… esposa de… amante de… y casi no la mencionaban como pintora. Fue muy difícil, hasta que en el Centro Nacional de Investigación Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) encontré la copia de las cartas que le escribió al Dr. Atl y ahí fue cuando dije: ‘No suelto a este personaje’, porque ese vocabulario erótico era increíble para la época”.
La expresión de sus deseos, en todo sentido, debe leerse hoy no solo con fascinación (o con morbo, según sea el caso) sino con admiración. Se debe recordar que el inicio de su vida en libertad total (esto en el sentido de que dejó el estatus de esposa de…) lo inició precisamente expresando un deseo y satisfaciéndolo: quería el divorcio.
Carmen, antes de ser Nahui, se convirtió en una mujer divorciada, letra escarlata de su tiempo. El costo de serlo era enorme, prácticamente el ostracismo y por lo menos el señalamiento y la desconfianza de la llamada buena sociedad.
En sentido estricto, lo que sucedió —según consta documentalmente— fue una anulación. Por recovecos legales posrevolucionarios su matrimonio nunca existió. Pero a las buenas conciencias no les importan los tecnicismos y el señalamiento fue el mismo: había dado la espalda a su obligación de clase y de género.
Los periódicos señalaban con preocupación en 1921, año en que se concretó su anulación matrimonial, la facilidad con que la gente se divorciaba en Inglaterra. Quizá pensaron que señalando a lo lejos lo que veían como problema, se podrían evitar en lo inmediato esos peligros de otras tierras y legislaciones. En junio de 1921 el periódico El Amigo de la Juventud publicó un número especial con un ensayo titulado “La indisciplina matrimonial”, en su planteamiento se leía:
El matrimonio indisoluble parece encontrarse en plena crisis. La institución del divorcio penetra a todas las legislaciones y —lo que es más significativo— a las veces se generaliza y exagera por las prácticas de los pueblos contemporáneos hasta donde la ley misma, en defensa del orden social, a llegar no se atreve. La poligamia encubierta, las uniones libres, las aberraciones sexuales más intensas y exóticas invaden el mundo.
Y nada más intenso y exótico que una mujer divorciada. Artista, además de todo y que gustaba de hurgar en la ciencia y pintar con el círculo como base y sustento.
Mariano Meza Marroquín, curador de uno de los esfuerzos expositivos más recientes por reencontrar a Carmen/Nahui en todas sus facetas, escribió que ella utilizó “imágenes poéticas para hacer disertaciones en donde los instintos humanos son controlados por los efectos de las ondas que se mueven a través del éter cosmológico, creando así una especie de dinamismo entre el hombre y el cosmos”. De esas disertaciones resultó Óptica cerebral, primera publicación de la mujer que fue síntesis del cosmos y detonadora de pasiones.
En Nahui Olin. La mirada infinita, exposición presentada en 2018 en el Museo Nacional de Arte (Munal) de la Ciudad de México, el éter, la electricidad, la perspectiva circular, los retratos y autorretratos, el circo y las corridas de toros, se conjuntaron para dar forma a todas las sustancias que conformaron a María del Carmen Mondragón Valseca, la desafiante, la indagadora, la pintora y caricaturista, la que nació con un fusil cuyo disparo fue un big bang iniciador de una galaxia que aún se congrega en torno a dos esferas verdes que refulgen a 133 años luz de nuestro presente.



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