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La práctica del teatro abre un mar de serenidad a personas de la tercera edad

 

 

·      Teresa Rábago imparte el taller “El otro lado de la luna”, espacio creativo destinado a personas mayores

 

·      El próximo 3 de agosto, a las 12:00 del día, se realizará una sesión informativa abierta, en el Centro Cultural Helénico

 

·       La continuidad progresiva de las clases, más allá de sus ciclos actuales, ofrecería a las personas mayores, la oportunidad de seguir adelante y aminorar la angustia que implica un cierre de ciclo en esta etapa

 

 

Alegría Martínez

 

Mirarte hacia dentro, comprender el teatro como el ejercicio de vivir, que implica acierto y error, sin juicio sumario, es parte de lo que propone a las personas de la tercera edad, el Taller “Del otro lado de la luna”, que imparte Teresa Rábago, actriz y pedagoga, con más de 40 años de experiencia artística, en el Centro Cultural Helénico. 


Más de 30 puestas en escena, con directores como José Caballero, Luis de Tavira, David Olguín, Mauricio Jiménez, Abraham Oceransky, y José Acosta, por mencionar sólo algunos, avalan la experiencia de Teresa Rábajo, que combina su conocimiento obtenido sobre la escena, a lo largo de cientos de funciones, con su labor como docente en distintas instituciones de enseñanza teatral profesional.   


 Comienza así la charla con Tere Rábago, larga y rizada cabellera blanca y contagiosa sonrisa, cuyo entusiasmo por el teatro y la docencia no tiene límites: “Por lo general, quienes atraviesan el umbral de la educación artística, son jóvenes que van a descubrir su futuro. En cambio, el perfil de las personas que acuden al taller, es el de quienes vienen a encontrar y a descubrir su presente, en el que se dan cuenta de que todavía hay inquietudes.


En el taller descubren que se puede jugar y hacer el ridículo y emocionarse, recordar episodios de su vida, de sus seres amados. Entonces se revierte el tiempo, no a un pasado, sino a un presente, donde “aún y todavía”, como diría Luis de Tavira, es posible sentir y ser otro.”


Con su actitud jovial, la actriz y maestra de la escena, asegura que la edad no importa y un tanto en broma, le dice a su alumnado que si no quieren ser tratados como viejitos, no se porten como ellos. 


A mis años te puedo decir que la persona adulta maneja también su circunstancia de anciano entre comillas, como un niño cuando chantajea con su condición de infante, según le conviene, o se queda, como dicen los jóvenes, “en esa textura”, y  pueden  asumir, por ejemplo, que no van a volver a caminar, como alguien que conocí, con 60 años se subió a la cama y no se volvió a bajar a lo largo de una década.


A los 60 años nadie es anciano, a veces las limitaciones están en la mente


Quien se acerca a un taller de teatro, lo hace con determinada inquietud, sabe que no vamos a hacer macramé, dice con humor Rábago, al referirse a personas que de algún modo intuyen que se trata de una actividad que se bifurca en distintas acciones que involucran mente, cuerpo y creatividad.  


“Si piensan que no pueden caminar, moverse o que se cansan, puedo afirmar que a los 60 años nadie es anciano. Las personas de esa edad y mayores, son productivas, van al mercado, a la oficina, al cine. Llegó un señor con joroba que me dijo, maestra: ‘Yo lo único que puedo hacer es de Cuasimodo’. Y me veía con su cara hacia arriba, pero tiempo después, salió derecho.


A veces las limitaciones o impedimentos no están en el cuerpo, sino en la mente. Desde luego puede haber problemas físicos. Hay personas a quienes les cuesta trabajo caminar, o que necesitan usar bastón. Nunca ha venido alguien en silla de ruedas, pero el taller está abierto para quien así lo desee”.




Más allá de la actoralidad, se trata de pensar en lo que cada uno quiere decir

 

Rábago sabe que en una sociedad como la nuestra, en la que envejecer es sinónimo de volverse invisible al transcurrir cada segundo, esta situación se puede revertir y es posible trascender a partir de valorar la experiencia que los seres humanos han adquirido durante su vida.


Menciona que quienes han asistido al taller, llegan con conocimientos de alguna profesión o trabajo. “Hemos tenido en el taller un arquitecto, un abogado, un trabajador mecánico, un comerciante, un oficinista.


“El perfil del adulto mayor es de alguien jubilado en general. Son personas que intentan saber qué hacer con su tiempo, o sienten la libertad de utilizarlo de otra manera porque ya no tienen que ir a trabajar”.


Al encontrarse con personas que nunca han escrito, dibujado, trabajado con barro o realizado una actividad artística, la maestra afirma que el teatro les da la posibilidad de hacer una inmersión en otras actividades y otros lenguajes y por lo tanto, les proporciona esa riqueza.


“Todos los seres humanos respondemos positivamente al acercarnos a alguna manifestación artística, porque esa posibilidad se encuentra en el interior de cada persona y la consecuencia para mí, la ganancia de  trabajar actividades distintas,  implica sacarlos del esquema  del adulto mayor, del anciano, o como se les considere y catalogue, que es algo muy marcado socialmente.


Ante la dificultad de perforar el miedo a expresarse, a convivir con otras personas, a derribar obstáculos propios del ser humano a cualquier edad, especialmente en la tercera edad, cuando las habilidades cambian y se requiere de un nuevo aprendizaje para empezar a ser una persona distinta a la que se había sido, hasta antes de ser mayor, Rábago afirma que no se trata de que las personas que participen en el taller piensen en la actoralidad, sino en lo que cada una quiere decir.


“Antes de entrar al salón, se deja fuera todo lo que habitualmente cargas para disponerse al juego, a hacer algo y ser alguien distinto. Si como maestra logras que tengan disposición a sorprenderse y divertirse, encuentran mundos que no habían abierto y cuando comprenden las reglas, quieren jugar más y descubrir dentro de sí, lo que creían que no podían o no tenían.


Un teatro que no asusta con el “deber ser”


La diferencia entre el teatro que se practica en el taller El otro lado de la luna,  y el que vemos en distintos escenarios, consiste, como lo comenta  Rábago, en que “en esta oportunidad se trata de un teatro que no te asusta, porque no te presiona con el ‘deber ser, pero sí te habla de universos que nunca tocaste. El actor tiene que ser perfecto, en cambio, las personas que forman parte del taller no conocen la consecuencia de estar frente a un público. 


Sin hablarles de actuación, ni de montajes en el escenario, vienen a jugar con la pelota, a caminar, hacer círculos, a mirarse a los ojos, a hacer ejercicio, a hacer algo de clown. Todo eso tiene que ver con el teatro.”


Un trabajo que se vuelve cotidiano


Un ejemplo de las actividades en las distintas sesiones que actualmente realiza en su clase, se relaciona actualmente, con Moliere, por ejemplo. 


“Empiezo a hablarles de este dramaturgo, a acercarnos a la Comedia del arte en una especie de sesión teórica, con una maestra. Después hacen una figurita con plastilina, leemos dos obras del autor de El enfermo imaginario, les pido que busquen un personaje y elijan una escena.


Trabajan también con una maestra de máscara, vuelven a leer y a revisar y en el salón hacemos una clase de puertas abiertas para su familia y amistades. Se aprenden cinco líneas, se ponen un trapito, -tengo un compañero que les sugiere alguna prenda- yo les digo cómo y  hacia donde moverse, y cuando menos lo piensan, llega el día de la clase abierta y sus amigos, familiares y quienes ellos inviten, los ven hacer un trabajo que para ellos se ha vuelto algo cotidiano. El taller actual, terminará en julio para seguir otra etapa hasta noviembre del presente año.


La comprobación de la funcionalidad y la creatividad alcanzada


El resultado que Teresa Rábago ha observado al final de los cuatro meses que hasta ahora ha durado su taller, desde que comenzó esta labor años atrás, es que muestran la felicidad de haber hecho una actividad que no se creían capaces de hacer.  “Se ven de otra manera y sobre todo, comprueban que son personas funcionales, seres creativos, artistas. La gente los mira, llora y les aplaude”.


La oportunidad de darle continuidad al taller abre un mar sereno al adulto mayor


Tere Rábago propone que haya oportunidad de hacer un proceso que tenga continuidad, de forma que inicie en enero y que las personas puedan regresar, porque “una de las angustias que pesan en las personas de la tercera edad es  pensar en el poco tiempo que les queda de vida, o en que no desean que se termine el ciclo. En cambio, si se abre la oportunidad de seguir, o volver al taller, se percibe un mar sereno y la alegría de pertenecer a un colectivo en el que  hay actividades dos días a la semana durante cuatro horas.


 “Espero que se pueda lograr, en el Centro Cultural Helénico, donde he contado con el apoyo para seguir adelante con esta labor, y hacer un trabajo que tenga progresión, que otorgue un amplio respiro a quienes forman parte de este espacio, donde el drama, que es acción, les abra un lugar en el que puedan estar el tiempo que quieran sin que alguien les diga que se tienen que ir, o que deben interrumpir su proceso.


Aquí el dato:

El 3 de agosto, primer lunes de mes, a las 12: 00 del día, en el Centro Cultural Helénico, ubicado en Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn, alcaldía Álvaro Obregón, habrá una reunión abierta para quien se interese a ver de qué se trata el taller “Del otro lado de la luna”.

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