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Huellas del pasado ante un futuro aciago

Actualizado: hace 4 días

*Oso polar decapitado, de David Gaitán, con dirección de Martín Acosta, ciencia ficción en escena, cercana a nuestro presente

 

 

 

Alegría Martínez

 

 

Qué sería de la humanidad si únicamente las personas con dinero pudieran pagar por sobrevivir mientras transcurre la “noche eterna”. ¿Y si los robots fueran diseñados para reproducir defectos humanos físicos, conductuales, y se esforzaran por parecerse a sus creadores? Qué sucedería si un oso polar en busca de su cabeza perdida, atestiguara una verdad que nadie hubiera querido descubrir.

 

El estreno de Oso polar decapitado, obra de David Gaitán, dotada de humor, nostalgia, reflexiones filosóficas, incertidumbre, música, canciones y crítica social,  analiza vía la ciencia ficción una amplia serie de posibilidades ante el futuro, vinculadas a la ambición humana ante la tecnología y la ciencia, que detonan cada vez más temor e incógnitas.


Foto: Alegría Martínez
Foto: Alegría Martínez

 

La dramaturgia de David Gaitán, compleja, extensa, analítica y profunda, con un humor que punza, se incrusta en la preocupación sobre el vertiginoso avance científico y tecnológico, su utilidad, las soluciones inmediatas que éstas otorgan y sus riesgos, ciegos ante la fragilidad de la naturaleza a la que también pertenece la especie humana. 

 

La propuesta que el dramaturgo y actor realiza en su texto, encuentra en el director Martín Acosta un buen cómplice para crear un universo distinto, donde el  comportamiento de los robots- interpretados por un elenco que en determinadas escenas dan vida a estos androides y en otro momento, representan seres humanos- alude a un constante flujo, como el de un vaso comunicante que mezcla

cualidades y defectos humanos con eficiencia y fallas de autómatas.

 

La dramaturgia de David Gaitán ubica la acción en un territorio congelado, que contrasta, con el interior de un espacio -cerrado en la ficción y abierto en su interior a la mirada del público- donde se hace referencia a códigos, al vacío post científico, a la imposibilidad del futuro en la cinta de Moebius, al control del planeta gracias a la ciencia, al suicidio y al concepto de muerte.

Foto: Alegría Martínez
Foto: Alegría Martínez

 

Asimismo, se expresan ahí los posibles deseos de venganza de los robots -finalmente creados por personas imperfectas, confiadas en su poder de decidir vida y muerte- que manifiestan curiosidad por los secretos, el aburrimiento, el aprendizaje de lo absurdo, la mentira, el placer y en general por el universo humano, del que al parecer les gustaría apropiarse, incluido un nombre, del que carecen.     

 

Sobre un piso oscuro, donde se levanta un extenso biombo que cruza el escenario, los personajes, robots y humanos entran y salen con alguna silla, una pequeña mesa, un objeto transparente de interacción digital y algunas máquinas mecánicas, herramientas que al parecer sobrevivieron siglos.  

 

Breves ventanillas, colocadas a distancia, en la parte inferior del biombo, subirán la persiana que las oculta, como si se abrieran los portillos de un submarino -cuadrados en este caso- para mostrar el rostro de personajes que pronunciarán un vertiginoso discurso filosófico, así como diversos objetos, como un teléfono de disco, o una esfera blanca, que aparecerán bellamente iluminados.

 

El personaje del narrador, que representa Pablo Chemor -también autor de la música original y sonidos, entre los que se escucha una alarma constante-  interpreta las piezas con su acordeón al pecho, canta con robots y humanos y comparte con el público las andanzas del oso polar, una especie de conciencia errante. Es su voz también la que abre paso a las inocentes y crudas preguntas de un niño y su capacidad de construir el exterior, la que transmite la poderosa imagen de un mundo desolador.


Foto: Alegría Martínez
Foto: Alegría Martínez

 

A partir del texto de Gaitán y con la dirección de Acosta, Chemor construye un personaje que sin poner un pie en escena, se erige en una presencia constante y desalentadora en su eterna búsqueda. El músico y actor enlaza en escena, también  sucesos entre personas y androides para quienes hibernar es la opción de sobrevivencia destinada a unos cuantos.

 

David Gaitán, Verónica Bravo y Xóchitl Galindres, representan androides, empleados de la empresa de hibernación y clientes, mediante un complejo trabajo de actuación que inscribe a sus personajes en ese micro universo de autoprotección, que arriesga a los entes que lo transitan.

 

Oso polar decapitado es una propuesta escénica que requiere la atención del público para percibir la inmensidad de reflexiones filosóficas y cuestionamientos que plantea. El trabajo del equipo artístico se dedica con rigor a generar las acciones de  robots y personas, según sea la circunstancia. El elemento del cambio en el tiempo y el cuestionamiento de lo que significa ser humano, se yerguen en esta ciencia ficción escénica que mueve conciencias.

 

Los elementos del vestuario de Mario Marín del Río, en ocre, marrón y blanco, con bies en color hueso, que ostentan los uniforme de los personajes, recuerdan en algo los trajes utilizados en las series como “ Star-Trek, Viaje a las estrellas” en los últimos años de la década de los 60, así como los aparatos similares a una máquina registradora de manivela, una máquina mecánica de escribir y el aparato parecido a una consola de audio o una mezcladora que utiliza el Narrador, ataviado, a diferencia de los demás personajes, con un abrigo irregular, con algún distintivo quizá de rango militar, pechera rasgada, guantes sin dedos, gorra, sombrero y botas, como si el personaje llegara de años atrás y parajes lejanos.

 

La escenografía de Eva Aguiñaga, gris verdosa para el extenso biombo y en una combinación de blanco y beige para el piso, a todo lo ancho del escenario, acerca al espectador a ese lugar aislado del frío exterior, donde algunas sillas en madera con patas cromadas, se suman a los elementos que utilizan los personajes, en la composición de una estética, iluminada meticulosamente por Matías Gorlero, que posee huellas del pasado en un futuro aciago.

 

 

 

Créditos:

Berenjena y Un pino en la Vía láctea, presentan Oso polar decapitado

Dramaturgia, David Gaitán; Dirección, Martín Acosta; Diseño de iluminación, Matías Gorlero; Diseño de vestuario, Mario Marín del Río; Diseño de escenografía, Eva Aguiñaga; Música original, Pablo Chemor; Diseño de maquillaje y peluquería, Maricela Estrada; Asistente de dirección, Antonio Jiménez.

Elenco: Verónica Bravo, Pablo Chemor, David Gaitán y Xóchitl Galindres.

Producción general: Verónica Bravo y David Gaitán; Producción ejecutiva, Mariana Calderón y Ángela Pastor.

 

Aquí el dato:

Oso polar decapitado se presenta los jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos, a las 18:00 horas, hasta el 15 de marzo en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky, ubicado en el Centro Cultural del Bosque, Campo Marte, sin número, Polanco.

Edad recomendada:  15+. Duración aproximada: 100 min 

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