Alberto Lomnitz dosifica un merecido y urgente adiós en Acomodar.
- Alegría Martínez

- hace 3 días
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Actualizado: hace 2 días
Acomodar, invita a observar de cerca la desesperación consciente, dosificada, y progresiva, hacia el ordenamiento final por el que transita un hombre mayor, que no soporta la existencia sin la mujer que ha sido su pareja desde su etapa universitaria.
Escrito y dirigido por el francés, Pascal Rambert, este montaje unipersonal, protagonizado por Alberto Lomnitiz, que ubica al espectador ante una moderna y amplia habitación de hotel en Hong Kong, exige atención, escucha y paciencia, por parte de quien observa, para internarse con el personaje en el recuento de lo vivido que hace un ser humano exitoso, al que todo le falta, cuando ella ha dejado de habitar este mundo.

La calma, la madurez, la reflexión y el repaso de una vida compartida, se insertan en el espectador a través de la intimidad que Alberto Lomnitz crea, al traer al presente la plenitud de la relación amorosa que su personaje, un reconocido escritor, compartía con su mujer, también distinguida escritora.
Acomodar, (Ranger), en su título original, que alude a la acción de ordenar, escrita por el dramaturgo francés, Pascal Rambert y estrenada bajo su dirección en nuestro país, traslada al público a ese espacio en el que el único personaje vivo, se comunica honestamente, como siempre lo ha hecho, con quien fuera el amor de su vida. Es así como el espectador se encuentra ante el recuerdo de los pormenores, las confidencias, las pláticas que solo tienen lugar entre dos seres que se aman y se comunican sin disfrazar palabras ni emociones.
Del dramaturgo, director y coreógrafo Francés, Rambert, se han estrenado en México, entre otras, sus obras: Clausura del amor, -que enfrenta descarnadamente a una pareja conformada por un director y una actriz, en plena ruptura. Desgarrador e impecable montaje con dirección de Hugo Arrevillaga, protagonizado por Arcelia Ramírez y Antón Araiza, en 2015.
En 2024, con dirección de Manuel García Belmonte, se estrenó Ensayo, en la que dos actrices, un escritor y un director, integrantes de una compañía teatral durante 20 años, se enfrascan, a partir de una mirada detonadora, en batallas rudas de traición y verdades.

Desaparecer, dirigida por su autor en 2020, desarrolla la agónica incertidumbre que deja en la familia la ausencia de un ser querido y la zozobra, latente en cada uno, de haber podido evitar la tragedia.
En Acomodar, Rambert, realiza una vuelta de tuerca y en lugar de generar cruentos enfrentamientos, despliega los intensos y gozosos momentos en la vida de una pareja heterosexual de escritores, a partir del diálogo vivo, entre el único personaje masculino de la obra, con el retrato enmarcado de su mujer fallecida un año atrás.
La tragedia de Alberto, personaje que recibe el nombre del actor que lo encarna -como lo hace Rambert con todas sus obras- deja paulatinamente al descubierto, la cima de su iceberg interno, durante el minucioso relato que el hombre hace a quien fuera su esposa, sobre la noche en que le entregan un trofeo, motivo por el que se encuentra esa noche hospedado en Hong Kong.
Una habitación de pulidas y diversas maderas, que conviven armónicamente con la cama en un extremo, un amplio espacio central con mesa circular y silla, estación de café con frigobar, que exhibe nítidas botellas con agua y bebidas orientales, una pantalla inteligente que al inicio muestra paisajes turísticos de la Perla de Oriente y una rica variedad de lámparas, como parte de una decoración inteligente en equilibro, que baña de luz el lugar, o la contiene -como lo hace el personaje, que mide los pasos hacia su objetivo- acoge a este ser humano, cierto de haber llegado a su límite.
La dramaturgia de Rambert, -mediante la que también hace una crítica a los periodistas y a su predisposición para acomodar las palabras de un discurso, o distintas declaraciones, a la línea política del medio para la que trabajan, así como los políticos a sus ideologías- pone en voz de su personaje lo que las personas en circunstancias similares podrían pensar y sentir, pero que deciden callar. Aquello que duele, que desenmascara, revela, encara y en sus obras -como también ocurre en ésta- se queda como un eco incesante.
Así conduce a su personaje Alberto, que Lomnitz construye escrupulosamente, y que en escena realiza una confesión íntima, mediante la que, además de celebrar su vida sexual, sus hábitos, adicciones, defectos o ligeros reclamos y placeres en pareja, exhibe con humor los vericuetos que esconden los idiomas, las traducciones, las obsesiones de su traductora oriental, la falta de experiencia del escritor viudo para interpretar la geopolítica del sureste asiático, su impresión sobre la comida y su verdadero sentir sobre las sorpresas que intentan halagarlo.

A Alberto Lomnitz, que ha sido funcionario en distintas áreas del ámbito teatral, fundador de la Compañía Seña y verbo: Teatro para sordos, director de más de una veintena de puestas en escena, y actor en un número similar, lo recuerdo como Sancho Panza en la obra musical de El hombre de la Mancha, en distintos papeles del montaje de Indecente, de Paula Vogel, en Cabaret, como Herr Schultz, y en Todo va a estar bien, como el viejo Manuel, entre otros montajes.
En Acomodar – obra compleja para todo actor- Lomnitz hace acopio de su experiencia y talento al construir con solidez, el universo al que lo desafía el texto de Rambert, que, como bien le dijo al periodista Fernando Figueroa -que lo entrevistó para su columna Doble filo, del suplemente Laberinto, de Milenio, en 2022- hacer un monólogo es “como construir una catedral a una sola mano”.
Elegante e impecablemente vestido, con un traje sastre negro de tres piezas, corbata, calzado y mancuernillas del mismo color, éstas con filo dorado -como le gustaba a su mujer-, el personaje, parece hablar, moverse suavemente con la apacible música que lo acompaña en su viaje, tránsito que el público presencia, como si estuviera con él, dentro de esa confortable habitación de hotel, en la que cada acción equivale a un sereno paso hacia el fin.
Entre ese mar de impresiones, secretos, confesiones y señalamientos que hace el personaje de Alberto, éste enfatiza el precipicio ante el que se encuentra un hombre que cerca de sus 70 años, ha empezado a ser invisible a los ojos de otras personas, sobre todo de una joven mujer que, teniéndolo enfrente, no se percató de su presencia, lo que le devuelve al hombre la certeza, y con ésta la dimensión de su inmensa pérdida, de que “todo es posible en una mirada”.
Acomodar, equivale a una despedida madura, serena, un andar con paso seguro hacia el fin de la tortura en que se ha convertido la vida en soledad, un paseo por la memoria hacia la infancia y la felicidad en pareja, un homenaje a las palabras, a la escritura, a los libros, a su permanencia y un merecido adiós a lo vivido.
Créditos:
Dramaturgia y dirección: Pascal Rambert
Traducción: Methieu Dochy
Traducción para la escena: Humbert Pérez Mortera
Producción general: Jennifer Soler
Producción ejecutiva: Fryda Vázquez y Daniel López
Gerencia de producción: Alberto Robinson
Diseño de escenografía: Javier Ángeles
Diseño de iluminación: Isaías Martínez
Diseño sonoro y musicalización: Jomi Delgado
Vestuario a cargo de: Trama & Drama
Diseño de vestuario: Estela Fagoaga
Asistente de dirección: Joshua Varela
Colaboración artística franco-mexicana
ADIME Producciones
Aquí el dato
Duración aproximada: 75 minutos
Temporada: Del 26 de marzo al 26 de abril, (excepto 2, 3, 4 y 5 de abril)
Funciones: Jueves y viernes 20:00 horas, sábados 19:00 horas y domingos 18:00 horas, en el Centro Nacional de las Artes, ubicado en Av. Rio Churubusco # 79, esquina Calzada de Tlalpan, colonia Country Club.
Duración aproximada 75 minutos
Edad recomendada: mayores de 16 años (sugerencia: adultos)



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