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La prolongada incertidumbre que arrastra la ausencia

*Vicky Araico inserta y expone con su cuerpo entero la transformación de una madre ante la desaparición de su hija en Hasta encontrarte 

 

Alegría Martínez

 

Cada milímetro del cuerpo de Alma vive en tensión las 24 horas. Sus sentidos perciben todo sonido como una señal de alarma. La rutina de sus días se ha resquebrajado desde que su hija Luz de 18 años, no volvió a casa al salir del trabajo. Tampoco fue por su hermana a la escuela. La existencia en ese hogar está en vilo. Vicky Araico crea en escena a esta madre que ha sido despojada de todo.


A través de su mirada, su voz y el preciso y raudo movimiento de su cuerpo, una sola actriz erige los parajes por donde transita Alma, que irrumpe, desasosegada, en la oficina ministerial, en las calles con gente que apenas se detiene o la ignora ante su grito de auxilio convertido en pregunta, en las casas donde pudiera haber una respuesta que la guíe hasta donde se encuentre a su hija, cuyo rostro se multiplica en carteles, a partir de la imagen que seguramente el público construye, derivada del énfasis, la energía y la desesperación con que los brazos de esta madre fija cientos de avisos en cada poste. 


Fotos Teatro UNAM/Ulises Ávila
Fotos Teatro UNAM/Ulises Ávila

Los ladridos de Mictlán, el perro de la leyenda mexica en torno a la muerte y el transitar del alma, se escuchan desde un principio en el sonido que emite la actriz, al comenzar su largo y estremecedor recorrido. Camino que alude a los cuatro años que dura el viaje por los Nueve círculos hasta la Región de los muertos.


La leyenda transformada en cuento, que Alma escuchó de labios de su madre, cuando era niña, alude al círculo de las montañas en movimiento, al lugar de donde emergen navajas de obsidiana que cortan piel y plantas de los pies y al río de agua oscura, custodiado por una gigantesca iguana en vigilia.


Hasta encontrarte, unipersonal con dirección y dramaturgia de Nir Paldi, e interpretación, movimiento y dramaturgia de Vicky Araico, guía al público por ese camino de incertidumbre prolongada que emprenden las personas en busca de sus familiares desaparecidos.

Fotos Teatro UNAM/Ulises Ávila
Fotos Teatro UNAM/Ulises Ávila

El diseño sonoro Dan Pollard, es una constante que se expande hasta inundar a cada espectador en su butaca. Dialoga con la emoción del público, que se adhiere fiel y solidario desde su espacio, a la búsqueda de Alma y a los distintos estadios por los que ella atraviesa. Cada sonido alarma, da continuidad a los desencuentros, al maltrato, al abandono que esta madre padece después del breve apoyo en el ciclo inicial de su pérdida. 


La composición de Pollard, se conecta con el corazón del personaje, con su desasosiego y con el público, que no cesa de escuchar sonidos que se transforman, presencia viva que se modifica a cada paso, como la ruta emprendida por Alma, expulsada de sí desde que se volvió un sabueso humano en búsqueda sin freno. Vicky Araico construye a un personaje con el cuerpo entero y en latido creciente.

El intenso y profundo trabajo de dirección, dramaturgia y actuación, se vinculan excepcionalmente con el diseño sonoro de Pollard, de espacio y vestuario de Aldo Vázquez Yela y el diseño de iluminación de Xóchitl González Quintanilla, que generan distintos espacios de transición en los que la actriz inserta a Alma, como si cada distinta circunstancia, la succionara enérgicamente para devolverla después a otro nivel realidad y de nuevo a su infinito desamparo.


Las distintas escenas, adquieren nitidez, oscuridad, forman parte de amaneceres y ocaso. Se perciben los lugares, el paso de la gente, su ausencia, el peso del silencio y el transcurrir del tiempo en cada luz y en ese sonido que no cesa, como la respiración, que se acelera y se contiene en un viaje que va de la angustia creciente a algunos gratos recuerdos, al agotamiento y a la convicción de no detener el paso.


Tres grandes piedras y los barrotes férreos de una escalera vertical adherida al muro del fondo, afianzan la desnudez del escenario. Elementos que resumen fosas clandestinas, rastros, desierto, herramienta, frialdad, obstáculos; ese infinito de asuntos y objetos impenetrables, que también pueden ser señal, llamado, cama vertical, cuesta, inhóspito asidero de imposible acomodo para el cuerpo de una madre que jamás vuelve a dormir tranquila. Límites y fronteras que no ahuyentan el brío de una mujer desmembrada por dentro.

Fotos Teatro UNAM/Ulises Ávila
Fotos Teatro UNAM/Ulises Ávila

La delgada blusa de Alma, con manchas oscuras que se elevan o descienden como marcas de caminos horadados, sus rojos pantalones vaqueros, sudadera rosa y tenis blancos, cada prenda se adhiere a ese cuerpo que se ha vuelto un gran nervio. Todo da muestra de los lugares, las faenas, la resistencia en su andar.

 

El vestuario de Vázquez Yela se vuelve parte esencial del personaje, su ductilidad, apoya la serie de veloces movimientos sin pausa que la actriz realiza, como si la ropa fuera una segunda piel de esta mujer que es Alma y a la vez todas aquellas que han dejado de ver por sí mismas y por otros seres amados ante la tragedia, hasta que un par de botas cobran una nueva dimensión.


 El equipo internacional reunido por Vicky Araico, que integra a su compañía El ingenio del Caldero, Teatro UNAM y Ad Infinitum, de Reino Unido, crea un montaje que muestra al espectador, cómo es que la vida de las apersonas a quienes le arrebatan un ser amado, se resquebraja sin que haya vínculo irrompible, empatía y apoyo, más allá de quienes sufren la misma pérdida.    


Vicky Araico interpreta a esa madre y en cuestión de segundos, mediante un giro, que para la actriz es suficiente para ser otro y otra, construye en escena, la voz, el gesto, el tono, la mirada, la postura corporal de su hija menor, Sara; de la mejor amiga de Alma; de su hermano Beto; de su cuñada; del funcionario del Ministerio público; del joven amigo de Luz; de la abuela de éste y de una mujer en especial,  parte del colectivo de madres buscadoras, único grupo humano en el que resignarse no es opción.


Hasta encontrarte, no es una obra más sobre personas desaparecidas. Es una propuesta escénica orgánica que articula el texto, derivado de investigación y  testimonios, en un acontecimiento vivo, plástico, sonoro, drásticamente humano, que inscrito en la tragedia personal de quien sufre la ausencia de un ser amado, hace un critica certera - con humor, cuando alude a la incompetencia de las autoridades- denuncia, dialoga, rescata rasgos de ternura y la evocación de una sonrisa, señala la omisión en que se hunden otros miembros de la familia, y a la vez abre espacio para unirse al apoyo, tan ausente como quienes han partido.


Vicky Araico sale de escena y deja un latido múltiple en el aire, el de Alma, el de Luz, el de su hija Sarita, que necesitará reconstruirse, el de toda persona que no cesa de buscar. El del público absorto. La actriz no vuelve a recoger el aplauso, luego del camino expuesto y los ladridos de Mictlán.


La ovación explota tras un gran silencio. El público retoma su existencia. Todo está ahí para que cada espectador elija entre una acción de apoyo o la indiferencia, hasta que alguna ausencia se instale en su cuerpo, como en el de Alma, que no ha vuelto a ser el de una mujer con libertad para respirar.

 

 

 Créditos:

 Dirección y dramaturgia: Nir Paldi (Reino Unido)

Dramaturgia, movimiento e interpretación: Vicky Araico (México)

Diseño de espacio y vestuario: Aldo Vázquez Yela (México)

Diseño de iluminación: Xóchitl González Quintanilla (México)

Diseño sonoro: Dan Pollard (Reino Unido)

Producción: Mía Lake (Reino Unido)

Asistencia de iluminación: Sara Alcántar

Asistencia de dirección en México e intérprete: Sofía Guerrero

Asistencia de producción: Teresa Cedillo

Fotografías Teatro UNAM: Pili Pala

Coproducción: El ingenio del caldero, Teatro UNAM, Ad Infinitum

 

Aquí el dato:

Temporada hasta el 28 de febrero.

Días de función:  Jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 horas y domingos a las 18:00 horas.

Teatro: Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario, ubicado en  Insurgentes Sur 3000.

 
 
 

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