La mujer y el espacio público en la época de oro del cine mexicano, Parte III: La liga de las muchachas (1950).
- Hugo Maturano
- hace 5 días
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Durante los años cuarenta, la denominada época de oro del cine mexicano, definió una serie de arquetipos femeninos que calaron en el imaginario popular, definiendo espacios de actuación como el hogar, el teatro de revista, el cabaret, el burdel, la escuela, los hospitales y la iglesia, dejando fuera los sitios de toma de decisiones a nivel político y científico.
Con este tercer y último texto, se pretende mostrar a través de las películas ¡Arriba las mujeres! (Carlos Orellana, 1943), La casa chica (Roberto Gavaldón, 1949) y La liga de las muchachas (Fernando Cortés, 1950) protagonizadas por las actrices Consuelo Guerrero de Luna, Dolores del Río, Elsa Aguirre, Alma Rosa Aguirre y Miroslava respectivamente, la manera en que se abordaron temas como el feminismo, la interrupción del embarazo y la incorporación de la mujer en la ciencia, a través de tres categorías de análisis: vestimenta, lenguaje y roles de género.
La liga de las muchachas (Fernando Cortés, 1950) al igual que ¡Arriba las mujeres! usa la comedia para retratar el feminismo. Además de la comedia, La liga de las muchachas y ¡Arriba las mujeres!, comparten el hecho de estar coprotagonizadas por la actriz Consuelo Guerrero de Luna, en ambas interpreta a la líder de los movimientos feministas que son retratadas en las películas.
La historia de la Liga de las muchachas es la siguiente: Dorita (Elsa Aguirre), Amelia (Alma Rosa Aguirre), Marta (Miroslava), Rosina (Pagã) e Irene (Conchita Carracedo) son mujeres de clase acomodada que viven en la Ciudad de México y que presentan problemas con sus respectivas parejas, ya sea conflictos de noviazgo como la infidelidad de Pablo (Rubén Rojo) a Dorita, la molestia que produce en Amado (Jorge Che Reyes) las compras de su esposa Amelia, la relación abusiva de un gánster (Luis Alcoriza) líder de una pandilla a Marta y más adelante la separación de las parejas conformadas por Mario (José Ángel Espinoza “Ferrusquilla”) e Irene y Don Adolfo del Toro (Antonio Bravo) y Rosina.
Al final las novias y esposas terminan viviendo juntas en la casa de Doña Remedios (Consuelo Guerrero de Luna) quien en compañía de Celestina (Magda Donato) y otras discípulas, dan la bienvenida a las recién llegadas. Los novios y esposos buscarán la manera de entablar nuevamente relaciones con ellas, mientras se desarrollan una serie de embrollos que ocasionan la guerra de los sexos.
Siguiendo con el análisis a través de las categorías de vestimenta, lenguaje y roles de género, en este caso, la vestimenta tanto de mujeres y hombres alude directamente a su clase social: vestidos, abrigos, sombreros y trajes sastres y fracs. Quienes difieren son personajes secundarios y ocasionales en la trama, ya sea Celestina que funge como reclutadora y que al inicio de la película porta un traje sastre a juego con un gorro y lupa, recordando al famoso personaje de la literatura inglesa, Sherlock Holmes, así como un par de norteños interpretados por Oscar Pulido y Antonio R. Frausto.

Que Celestina use un vestuario de esa naturaleza, no es casualidad, ya que al inicio de la película es ella la que se encarga de seguir a las futuras candidatas que podrían ingresar a la Liga de las muchachas. El vestuario en las tres películas, se convierte en un elemento que permite al espectador identificar claramente el papel de cada uno de los personajes en la trama, en el caso de Celestina es la reclutadora que se encuentra en diferentes espacios, públicos y privados espiando a las futuras candidatas, mismas que se encuentran generalmente en situaciones de conflicto con sus parejas ya sea en pleitos de carácter económico y sentimental.
Cuando Celestina ve que la situación de conflicto de las parejas escala, esta deja una tarjeta, una invitación que dice lo siguiente: “La liga de las muchachas. Si es usted joven y bonita y quiere vivir la vida que se merece, llame al teléfono 123-456 o acuda a la calle Miraflores No. 2. No se arrepentirá. Suplicamos discreción”.
Tanto la vestimenta como la invitación nos deja claro que la agrupación de La liga de las muchachas, a diferencia de las camisas pintas de ¡Arriba las mujeres! solo admite entre sus integrantes a mujeres de cierta posición social y edad, esto sumado a los espacios en donde se desarrolla gran parte de la historia, la casa de Doña Remedios, la cual tiene la apariencia de un centro vacacional, las discípulas pasan el tiempo en el jardín que incluye senderos, albercas y tumbonas. Desde ese espacio los novios y maridos las observan, ya que la casa contigua pertenece a uno de ellos, creando la relación de voyerismo ya que, dentro del jardín, las novias y esposas realizan número musicales.

Los números musicales dentro de la película, se caracterizan por mantener el foco en las protagonistas que van acompañadas de otras discípulas, son números en donde prevalece lo multitudinario, algo característico de los musicales del Hollywood de los años treinta.
La observación masculina, los números musicales y los espacios en donde se desarrollan dentro del hogar, generalmente el jardín y el dormitorio donde las mujeres visten bikinis y baby dolls, son indicativos de que la película tiene un enfoque en donde la mujer es vista desde el deseo y el movimiento feminista es solo una excusa para ello. Un ejemplo de lo anterior, es el soldadito del reloj que sale y les silba cuando marcan las 11:00 pm, hora en la que las discípulas van a la cama.

El lenguaje al igual que ¡Arriba las mujeres! y La casa chica, alude a un doble significado, al inicio, un par de norteños observan como Celestina entrega una tarjeta de invitación a una joven en el zoológico, la cual termina tirando al piso, los norteños la toman y asumen que se trata de una casa de citas a la que acuden. Este par de norteños, como los norteños de ¡Arriba las mujeres! se presentan como una imagen del macho mexicano, hombres de carácter “echados pa delante” lo que propicia elementos de comicidad dentro de la película, más allá de eso, la aportación de la imagen de hombre norteño en La liga de las muchachas es mínima.

El mismo doble significado se puede observar en el título de la película, La liga de las muchachas es tanto la agrupación feminista como la prenda que portan las mujeres en las piernas y que muestran cada que saludan, cantan el himno o mencionan el título. Este doble sentido a lo largo de la película ocasiona que se produzcan una serie de equivocaciones cómicas que tienen como objetivo entretener al público.
El lenguaje es parte del discurso que establecen ambas fundadoras tanto ¡Arriba las mujeres! como La liga de las muchachas, los personajes interpretados por Consuelo Guerrero de Luna, usan la palabra para emitir discursos que convenzan a sus agremiadas / discípulas.
El discurso que da Doña Refugio se fundamenta en la subordinación del hombre a la mujer, teniendo un origen tanto divino como natural: “El hombre fue hecho de una costilla de Eva, no Eva de una costilla de Adán” y continúa enlistando las desigualdades entre ambos géneros, específicamente en el caso mexicano:
“La mujer siempre ha sido superior al hombre, hoy nosotras luchamos por la reivindicación de la mujer mexicana, para libertarla de la tiranía del monstruo masculino. En este país, la mujer no es nada, unos la buscan por tener cocinera, otros para que laven y limpien la casa y otros para satisfacer sus repugnantes apetitos, que asco, ¡hay que acabar con esto!”.
A diferencia de ¡Arriba las mujeres! que tiene su fundamento en las ideas de Descartes, La liga de las muchachas toma como fundamento el personaje griego Lisístrata que, establecido una huelga sexual sobre los hombres, considerada la primera en su tipo. Y que preside con una escultura, el salón donde se congregan y a la que alude su himno:
“La estatua de Lisístrata a todas defenderá, ¡arriba! ¡arriba! la liga libertad, los hombres de nada sirven, los hombres son inferiores ¡arriba la liga! Libertad, la vida que aquí llevamos, sin ellos es la gran vida ¡arriba la libertad! el hombre es nuestro castigo, abajo nuestro enemigo, ¡arriba la liga, libertad, sin él!”.

Además del enfoque clásico que se da al movimiento feminista, La liga de las muchachas, toma como referente la naturaleza, enlistando ejemplos como la abeja y tarántula (viuda negra), señalando la inferioridad del macho. Los hombres se deben inclinar ante la liga.
El discurso de Doña Refugio, el origen histórico de la liga, los argumentos basados en la naturaleza y el himno que cantan al final de la escena, tiene como finalidad originar un cambio de conciencia en las protagonistas y su adhesión definitiva a la liga. Esto se cumple y se remarca en la escena donde las mujeres dejan su hogar y los esposos y maridos leen las cartas de despedida, las cartas, son básicamente el discurso de Doña Refugio.

Resulta significativo que se replique el discurso en lugar de crear uno propio por parte de las novias / esposas, por un lado, desaparece el enfoque individual que puede tener cada una y se inclinan hacia lo colectivo, lo cual es la base de cualquier agrupación de carácter social, pero como se verá más adelante en la historia y que de igual modo sucede en ¡Arriba las mujeres!, está perdida de la individualidad, es más una manera de alienar y la agrupación termina convertida en una organización autoritaria.
Respecto a la relación entre lenguaje y roles de género en los personajes masculinos, se observa la relación entre hombre y animal, de manera particular, en la escena en donde los novios y esposos van en busca de las novias y esposas y al no conseguir entrar a la casa donde ahora residen, terminan en la banqueta donde encuentran un perro llorando, haciendo alusión al termino “perro faldero”.
Al igual que ¡Arriba las mujeres! los hombres se agrupan para derrocar La liga de las mujeres y recuperar a sus novias y esposas, de nuevo, la agrupación de los hombres se asemeja más a un juego infantil ya que se hacen llamar el “Sostén de las mujeres”, aludiendo a que ellos brindan el soporte económico “trabajamos para ellas”.
En ambas comedias, se presenta la infantilización de los protagonistas, solo que en el caso de la Liga de las muchachas dicha infantilización no solo recae en los personajes masculinos, también lo vemos en los personajes femeninos. Lo que al igual que ¡Arriba las mujeres! permite el desarrollo de situaciones comunicas entre hombres y mujeres, transmitiendo que las relaciones de noviazgo y matrimoniales que se presentan son producto de la comicidad, restándole importancia a los argumentos femeninos respecto a la separación.
Pese a la infantilización tanto de hombres como de mujeres en La liga de las muchachas, hay claras diferencias respecto a su representación en materia de roles que están marcados por lo socialmente establecido como masculino y femenino. A lo largo de la película los hombres describen a las mujeres y las mujeres a los hombres, reafirmando con ello estereotipos.
Particularmente interesante es la escena donde los novios y esposos buscan comunicarse con las novias y esposas a través de autoparlante y se da el siguiente dialogo:
- “Que complicados son estos aparatos de radio”.
- “Ya llevas una hora manipulando y dale y dale y no veo claro”.
- “Y usted como entiende tanto de esto”.
- “Soy ingeniero electricista”.
- “¿No fallara nuestro plan?”.
- “Las mujeres son unos seres extraños fácilmente emocionables que se ondulan el pelo y se echan saliva en las pestañas, en esa impresionabilidad se basa nuestra empresa”.
Es en dicha escena, donde se establece lo que ellos consideran un futuro ideal para la mujer: el noviazgo, el matrimonio, los hijos y la promesa del amor incondicional del hombre.

La infantilización de las mujeres se da entre las mismas mujeres, mostrando la subordinación a la que se deben de sujetar las recién llegadas, nuevamente, el personaje de Consuelo Guerrero de Luna es visto como una imagen autoritaria no como una líder feminista.
Mientras que en ¡Arriba las mujeres! la imagen que trasmite es el de una Dictadora, en La liga de las muchachas parece fungir como una especie de Carcelaria o Institutriz, así lo deja claro al momento de revisar la enorme habitación donde duermen todas las discípulas que se encuentren en sus camas “estas chicas nuevas son un poco rebeldes, pero yo las domare”.
Al momento de recoger a un niño que fue dejado en la puerta de la casa donde residen las mujeres, despierta su instinto maternal y las hace susceptibles de volver con sus esposos que, en palabras de uno de ellos, se encuentran en “estado de ánimo propicio”.

“La maternidad es la misión más hermosa que tenemos” y para ello necesitamos: el niño, el papá y el cura, exclama una de las discípulas.
Al final de la película y luego de un rocambolesco enredo que incluye a la banda de mafioso que ingresa a la casa de Doña Refugio para hacerse de las joyas y el dinero que ahí se guarda, de acuerdo a las instrucciones de Martha y que los esposos y maridos confunden con un grupo de esposos agraviados como ellos, para enfrentarse luego dentro de la casa en busca de rescatar a las mujeres. Es Marta quien da parte a la policía de los hechos sin que nadie se entere y son ellos los que terminan disolviendo el conflicto.
Todas las novias y esposas (a excepción de Marta que se marcha con el dinero y el niño abandonado) regresan con sus parejas, dejando sola a Doña Refugio (un final bastante similar a su personaje en ¡Arriba las mujeres!) la última escena corresponde a las parejas besándose en el jardín, una suerte de interpretación de Adán y Eva de vuelta al paraíso y la escultura de Lisístrata ahora acompañada de un hombre que besa. El mensaje es claro, el orden natural de las cosas es la relación entre hombre y mujer, en un discurso religioso, natural e histórico.

Particularmente interesante que tanto ¡Arriba las mujeres! y La casa chica fueron escritas por guionistas hombres (Carlos Orellana y José Revueltas respectivamente), mientras que La liga de las muchachas cuenta con un argumento original y adaptación cinematográfica por parte de una escritora, la también actriz Raquel (Janet) Alcoriza, quien coescribe con Luis Alcoriza, que al igual que Raquel funge durante los años cuarenta como actor, escritor y más adelante en los años sesenta como director. El propio Luis Alcoriza es parte del elenco de la película, como el líder de la pandilla que amenaza a Marta. Pese a que exista la participación de una escritora en el guion, no hay manera de determinar que parte de su trabajo se ve reflejado en pantalla.
