Itzhel Razo libera en escena las Furias que habitan el espinoso infierno madre-hija
- Alegría Martínez

- 12 dic 2025
- 4 Min. de lectura
Furias: Medea, mi madre y yo, desgaja el mito de la maternidad y sus lastres a través de poderosas imágenes, danza, multimedia, texto, palabras, percusiones y sonidos provenientes de un ritual lacerante que emerge de pasiones, poseedor de un humor crítico que duele: un espectáculo que libera y respira con autonomía.
Mujeres que a primera vista parecieran estar desnudas, ejecutan una especie de danza tribal en torno a una mujer más. Distintas Furias: Ira, Resentimiento, Celos y Venganza, encarnadas en estos seres -de los que nace una larga, oscura y espesa trenza al centro de su cabeza- hostigan a una madre que dará a luz a una hija que crecerá bajo el peso de la sombra materna, inyectada de rechazo, reprobación y abandono.

La dramaturgia de Itzhel Razo, autora, directora y actriz, acude al mito de Medea, desde “la herida personal y el linaje materno”, como se lee en el programa de mano, para la creación de este espectáculo multidisciplinario que estremece, descoloca y hace reír por momentos, pero principalmente rescata.
Las acciones de Medea, que dejó a su familia paterna para ayudar a Jasón a conseguir el vellocino de oro y convertirse después en la madre sus hijos, hasta que éste se enamora de la joven princesa Creúsa, son cuestionadas por la dramaturga desde una mirada contemporánea que reflexiona en torno a las motivaciones que impulsan al personaje femenino -descendiente de Dioses y retomado por Eurípides de un mito previo- que utiliza su conocimiento de herbolaria y venenos para vengarse, convirtiéndose en filicida.
Itzhel Razo plasma en su revelador y valiente texto, y dirige en escena, la amenazadora presencia de una avalancha de actitudes y trastornos, generalmente presentes previo a la maternidad, que despiertan con inclemencia en la edad adulta, a la llegada de una bebé, ignorante esta recién nacida, de lo que hierve en el interior de su madre. Los hábitos conductuales y frustraciones de la mujer, en su nueva etapa materna, se agigantan monstruosos y se lanzan al ataque, permeados de angustia y dolor, ante el nuevo estado en que se ve inmersa la mujer que acaba de parir.

El errado concepto de maternidad, cubierto obstinadamente por gran parte de la sociedad con una especie de manto “santificador”, que ilusoriamente extirpa traumas, dolores y cicatrices de vida de la mujer que se transforma en madre, e incluso señala estos antecedentes como algo negativo e inaceptable, queda en evidencia en esta propuesta artística como el pesado lastre que niega la consistencia esencialmente humana de la mujer.
Furias exhibe con crudeza, a través de un arduo trabajo dancístico, corporal, gestual y actoral bien ensamblado, apoyado por el vestuario de Sergio Mirón y el diseño sonoro de Ángel Luna, que la realidad dista mucho de que cada madre se convierta por ese solo hecho, en un ser puro, libre de conductas erráticas e “indeseables”.
La madre de esta puesta en escena, ataviada como las demás Furias pero con el distintivo de un par de enormes senos -de los que extraerá en algún momento un hilo blanco, como si sacara un delgado chorro de leche que le niega a su hija- da rienda suelta a un narcisismo que se agiganta grotescamente, frente a la llegada de la bebé y después joven mujer, encarnada por Itzhel Razo.

La propuesta de la directora, dramaturga y actriz, atraviesa por la mención de las marcas emocionales recibidas por la hija, la metamorfosis de ambas, incluida la ceguera de la madre ante su propia condición y la estupefacción de la hija, envuelta en su proceso de adaptación al mundo, herida de rechazo y abandono.
Furias utiliza las redes sociales para hacer hincapié en la venganza, frente a un telón central de inmensos flecos de plástico semiabierto, ante el que agiganta la proyección de emoticones con caritas felices, corazoncitos, lágrimas que surgen de carcajadas y una cascada de dedos arriba, ante una batalla campal de mujeres insertas en chisme y revanchas.
El móvil instalado en un pedestal absorbe la atención de las cuatro actrices-bailarinas, enfocadas en la conversación por chat, sentadas ante este aparato, al tiempo en que la proyección inmensa de su imagen en esa acción, evidencia buena parte de sus grandes limitaciones.
La utilización de un mobiliario sencillo, eficazmente articulado, así como
de un vestido rojo por parte de Itzhel Razo, cuya amplísima falda se transforma en sangre, en manto y en resplandor virginal, enriquece la creación de símbolos, metáforas y fuertes imágenes, elementos que desnudan el caudal de asuntos que desarrolla el espectáculo, a partir esencialmente, de un texto honesto y revelador y de un gran dominio del cuerpo y de la expresión escénica de sus ejecutantes.
Como en una batalla a muerte de la que emergen las furias femeninas, que aquí se desatan, las actrices y bailarinas: Elisa Romero, Michele Ferrer, Patricia Rivera, e Itzhel Razo, generan en el público: asombro, miedo, coraje, dolor, rabia, risa ante el reflejo social del veneno y la venganza, y empatía frente a la interpelación breve y directa del elenco hacia sus observantes.
Movimientos, cuerpos amenazantes, alaridos, nudos humanos, desplazamientos, trenzas que aprisionan o abrigan, dan paso más tarde a voces humanas en un clamor femenino de autoaceptación, que se transforma desde el escenario en un abrazo que apacigua y alienta, vía las nítidas palabras de quienes forman parte de Furias: Medea, mi madre y yo.
Créditos:
Dirección y dramaturgia, Itzhel Razo, coreografía, Itzhel Razo y Azhareel Sierra, Compañía: Porta Teatro.
Elenco: Elisa Romero, Michele Ferrer, Patricia Rivera e Itzhel Razo.
Asesoría coreográfica y asistencia de dirección, Nancy Arroyo; Diseño de espacio, Aurelio Palomino; Diseño de vestuario, Sergio Mirón; Diseño sonoro y asesor en actuación, Ángel Luna; Diseño de iluminación, Roberto Paredes; Diseño multimedia, Ann Beltrán; Asesoría en danza balinesa, Graciela López Herrera; producción general, Andrea Cruz Meléndez, producción ejecutiva y asistencia de producción, Karen Macías y Estefanía Villamar
Aquí el dato:
Furias: Medea, mi madre y yo, se presenta del 16 al 21 de diciembre, de martes a viernes, a las 20:00 horas, sábados a la 19:00 y domingos a las 18:00 horas, en el Teatro Benito Juárez, ubicado en Villalongín # 15, colonia Cuauhtémoc.



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