Ana Luisa Peluffo y la construcción de su imagen cinematográfica a través de sus primeros desnudos en el cine mexicano.
- Hugo Maturano

- hace 2 días
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El desnudo femenino se encuentra presente en el cine mexicano desde la aparición de películas eróticas durante la etapa silente. Más adelante, en los años treinta, cintas como La mujer del puerto (Arcady Boytler, 1934), Monja, casada, virgen y mártir (Juan Bustillo Oro, 1935), La mancha de sangre (Adolfo Best Maugard, 1937) y La Zandunga (Fernando de Fuentes, 1938) los desnudos serán breves y solo en el caso de La mancha de sangre, tiene un componente erótico.

La fuerza del deseo (Miguel M. Delgado, 1955) marca de manera oficial el inicio de los desnudos femeninos en el cine mexicano. A diferencia de los años treinta, estos desnudos tendrían un peso significativo dentro de la trama.
Es importante mencionar que La fuerza del deseo es el lanzamiento estelar de Ana Luisa Peluffo, actriz con amplia trayectoria en el cine mexicano que se caracterizó por interpretar papeles poco convencionales desde los años 50 hasta los 90. A diferencia de otras actrices de su generación, Ana Luisa Peluffo tenía una relación distinta con su cuerpo: había vivido en Venezuela, Canadá, Argentina, Uruguay, Chile y Brasil durante su juventud, además de practicado natación, lo cual hace suponer, que al adquirir una visión cosmopolita del mundo y la exposición de su cuerpo en competencias deportivas, el desnudo era algo natural.
La trama de La fuerza del deseo se centra en cómo los personajes se relacionan y se ven afectados por los desnudos de la protagonista Silvia (Ana Luisa Peluffo). En el caso de Silvia, el posar desnuda le permite tener, en principio, un trabajo estable y tranquilo, aunque más adelante se convierte en un medio para alcanzar otros fines.
La fuerza del deseo tiene lugar en la Ciudad de México y se desarrolla en gran parte en un mismo escenario, la Academia de Artes Plásticas donde Silvia posa para los estudiantes, entre los que se encuentra su novio Ricardo (Abel Salazar) y Arturo (Armando Calvo) el maestro y mentor de Ricardo.
Silvia toma la decisión de terminar su noviazgo con Ricardo para comprometerse con Arturo, lo cual afecta a Laura (Rosario Granados), maestra de la Academia que se encuentra enamorada de Arturo. La relación entre Silvia y Arturo tampoco es bien vista por Juana (Prudencia Griffel), la nana y ahora dueña de la casa de Arturo.

La historia llega a su momento de mayor tensión cuando, hastiada del encierro y la vida marital con Arturo, Silvia busca a Ricardo para intentar retomar nuevamente su relación, lo cual, al ser descubierto por Arturo desencadena una serie de desgracias para Silvia, como el abandono tanto de Ricardo como de Arturo y finalmente la muerte.
Los desnudos que realiza Silvia en la Academia son el punto de encuentro entre los tres protagonistas, es ahí donde se origina el conflicto: la ruptura de preceptos como el noviazgo, el matrimonio como institución que rige a la sociedad y sus buenas costumbres, la camaradería masculina, el hogar como espacio de armonía y la mujer como ideal de novia, esposa y madre.
Es particularmente interesante que los desnudos no se presentan como algo condenable, ya que están contextualizados en un espacio en donde se consideran aceptables y necesarios, como es el estudio de la anatomía humana por parte de los estudiantes de pintura de la Academia de Artes Plásticas.

Lo que se termina condenando dentro de la película, son las decisiones que toma Silvia, al abandonar el amor que le ofrece Ricardo por un matrimonio que ella ha forzado con Arturo, que le brinda estatus social y estabilidad económica, pero, al interferir en la relación maestro - estudiante, que llega hasta cierto punto ser una relación padre - hijo, termina no solo fragmentando dicha relación, también establece su propia condena al ser vista como una mujer sin escrúpulos, capaz de destruir todo a su paso con tal de obtener lo que quiere.
Dicho orden masculino roto es restablecido por el personaje de Laura, que se muestra como la contraparte del personaje de Silvia, desde su posición dentro de la Academia (maestra versus modelo) hasta la vestimenta. Laura usa cuellos altos, mangas largas y trajes negros en contraposición a las blusas escotadas y faldas ceñidas de Silvia. Laura, abnegada y comprensiva, siempre busca la felicidad de los otros y espera en silencio, hasta que más adelante obtiene su recompensa: hacerse con el amor de Arturo.

Lo que lleva a la perdición a Silvia no son los desnudos, sino lo que hace con ellos: en un principio al posar en la Academia le permite pasar tiempo con Ricardo y vislumbrar juntos un futuro austero pero feliz, pero al momento de descubrir el interés que despierta en Arturo, se convierten en un medio de seducción y cercanía para obtener un matrimonio a conveniencia con beneficios económicos de por medio.
El trayecto de Silvia y sus desnudos están marcados tanto por los espacios donde se desarrollan, primero en la Academia (espacio público a la vista de los estudiantes), luego en casa de Arturo (espacio privado a la vista de una persona) como por la mirada masculina. Para Ricardo y Arturo, los desnudos de Silvia oscilan entre la honorabilidad que debe de ser protegida y el deseo inalcanzable.
Es interesante cómo al final el castigo moralizante únicamente recae en Silvia, a quien siempre se le presenta como un personaje consciente de sus actos, tanto que acepta la muerte con resignación a diferencia de Arturo que más allá del bache emocional que experimenta (y del cual se repone con ayuda de Laura) no sufre castigo alguno, quizás, porque se le muestra como un personaje inconsciente de sus actos o, como lo indica Juana al momento de reprocharle su comportamiento, “no ves más que por los ojos de ella (…) te ciegan los malos pensamientos, estás poseído del demonio de la carne”.
La fuerza del deseo define el inicio de una serie de películas en donde los personajes de Ana Luisa Peluffo se desnudan bajo diferentes propósitos. Ejemplo de lo anterior lo tenemos con las películas El seductor y La ilegítima, ambas de 1955 y bajo la dirección de Chano Urueta.
Tanto en El seductor como en La ilegítima, Ana Luisa Peluffo interpreta personajes que están al margen de las buenas costumbres que dicta la sociedad: una huérfana que para subsistir canta en un centro nocturno y que más adelante posará desnuda para un pintor y una modelo, de la que no se sabe mucho, que mantiene un noviazgo con un pintor y que por diversas vicisitudes termina convertida en su amante.
Si bien los personajes de El seductor y La ilegítima pueden parecer condenables, en realidad son las heroínas de las historias: la hermana que sacrifica el amor para ejercer una venganza que termina truncada y una amante que enfrenta las adversidades estoicamente. En ambos casos los desnudos son el vínculo con los pintores con los que establece relaciones sentimentales, interpretados por los actores Ramón Gay y Miguel Torruco.

En la línea de La fuerza del deseo se encuentra La Diana Cazadora (Tito Davison, 1957), ambas películas guardan similitudes: La producción por parte de los hermanos Calderón (encargados también de producir El seductor y La ilegítima) y responsables de impulsar la carrera de Ana Luisa Peluffo, repite Armando Calvo como protagonista masculino y nuevamente los desnudos se encuentran insertos dentro de un entorno artístico, en este caso como modelo de la escultura de la Diana Cazadora.

Las diferencias con La fuerza del deseo radican en el contexto social y cómo se originan los desnudos dentro de la trama. En La Diana Cazadora, Martha (Ana Luisa Peluffo) mujer de clase alta, aficionada a los deportes y que mantiene una relación estable y amorosa con su esposo Luis (Armando Calvo). El punto de inflexión dentro de la historia se da, con una caída de un caballo que sufre Luis, que al ser médico infiere que las secuelas serán permanentes y no volverá a caminar.
Este suceso marca un distanciamiento entre la pareja, lo cual permite la aparición de Julián (Roberto Cañedo), escultor comisionado para la realización de la Diana Cazadora. Los encuentros entre Martha y Julián al principio son fruto de la casualidad. El interés pasa a convertirse en inspiración y finalmente en amor que, al ser producto de la infidelidad, solo puede acarrear desgracias.

Algo interesante de La fuerza del deseo y La Diana Cazadora, es cómo se establecen relaciones con los cuerpos, no solo femeninos, también masculinos, como es el caso de los personajes interpretados por Armando Calvo.
Tanto el maestro pintor como el médico de La fuerza del deseo y La Diana Cazadora, respectivamente, presentan discapacidades motrices que los convierten en hombres acomplejados y por tanto, en hombres que no ostentan una masculinidad fundamentada en la fuerza. Ellos son la antítesis de los personajes de Ana Luisa Peluffo en términos de armonía, belleza y salud corporal.

Al ser hombres “incompletos” no son capaces de brindar la felicidad marital que se espera de ellos, lo que, de alguna manera, abre la posibilidad de que los personajes de Ana Luisa Peluffo lleven a cabo la infidelidad, lo que mantiene la tensión dramática en la segunda parte de ambas películas. También es una manera bastante ingeniosa de centrar la atención en el conflicto marital y las consecuencias de la infidelidad y no tanto en los desnudos.
La fuerza del deseo, El seductor, La ilegítima y La Diana Cazadora son películas que definen el inicio de la carrera e imagen cinematográfica de Ana Luisa Peluffo, no solo por la realización de los desnudos, también por los personajes que interpreta, donde sobresale el carácter y una sexualidad desprovista de complejos y cuyas historias se desarrollan en la Ciudad de México. Ana Luisa Peluffo se convierte por tanto en una de las exponentes de la modernidad femenina en el cine mexicano.

*Parte de este texto forma parte del guion empleado para el episodio del pódcast de Cinéfilos en apuros Ana Luisa Peluffo: Una actriz que supo acoplarse a cada época y su filmografía versátil lo demuestra, publicado en plataformas digitales el 23 de abril de 2026.



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