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La 5ª Generación de LAB Capilla, que dirige Boris Schoemann disecciona el rostro múltiple del desamparo


 

 

 

*El niño salvaje, de Céline Delbecq, ofrecerá dos últimas funciones, los domingos 23 y 30 de agosto, a las 12:30 horas en el Teatro La Capilla

 

Alegría Martínez

 

El pavor de perder los días cómodos y sin sobresaltos, a cambio de acercarse a un niño desconocido y necesitado de ayuda, produce barreras de indiferencia y rechazo que se extienden como ácido entre los integrantes de una sociedad sorda y ciega al desamparo.

El niño salvaje, de la dramaturga belga Céline Delbecq -puesta en escena de Boris Schoemann, con un elenco integrado por jóvenes que egresan de la 5ª generación de LAB Capilla y Compañía Los Endebles- realiza un acercamiento al rostro múltiple del abandono en que viven niñas y niños en el mundo.


La obra de la también actriz y directora de escena, y de la compañía Le Béte Noire, ubicada en Bruselas, Bélgica, parte del inesperado encuentro de un hombre y su grupo de compañeros de trabajo, al dirigirse a comer a un restaurante, cuando observan a un niño, lastimado, sucio y aterrado, que devuelve miradas vacías sin responder preguntas.

Las interrogantes que este suceso provoca en el hombre y sus acompañantes, que como él, no saben qué hacer -y cuyo primer impulso es autoprotegerse- los invaden de culpa, sobresalto y vergüenza, enfocados en sí mismos, más que en el ser humano indefenso que acaba de cruzarse en su camino.


La obra de la también autora de El silencio de Claire, A solas con Winter y Cabalgando sobre los lomos de los pájaros, entre una docena de textos más, expone las barreras que complican al extremo la posibilidad de apoyar a niñas y niños en situación vulnerable, aún cuando haya una persona con la firme voluntad de hacerlo.


Niño salvaje es una profunda crítica a las fronteras sostenidas entre personas de distintas edades y características, incluidas las responsables del cumplimiento de normas gubernamentales, creadas supuestamente para proteger a la ciudadanía en general y a la infancia en particular, como policías, jueces, personal de hospitales, orfanatorios e instancias de adopción, y asesta un golpe de conciencia a una sociedad cada vez más centrada en su individualidad.


Céline Delbecq deposita en el personaje adulto, que en verdad se interesa por el chico, más allá de las contradicciones y conflictos en que se encuentra inmerso, una actitud que devuelve la fe en el género humano. La amplia experiencia de Boris Schoemann, como director y docente, otorga a los egresados de la 5ª generación de LAB Capilla, las herramientas para abordar con honestidad en escena un texto complejo, contundente, desgarrador y poético, que tiene algo urgente por comunicar.


El director ubica a actrices y actores de pie sobre el escenario, juntos, como si el hombre que se involucra, más allá de preguntas, al inicio sin respuesta, se multiplicara en todos los rostros, y traspasara así la barrera del estupor.


Foto: Alegría Martínez
Foto: Alegría Martínez

El elenco, que de repente pareciera un cardumen humano, hasta que aparecen algunas individualidades, que se separan del grupo y se unen de nuevo, realiza un complicado juego que sostiene la atención entera del espectador, que es conducido por la zozobra de los personajes, el pasmo, las verdades incomprensibles, la convicción de seguir adelante, la  soledad en conjunto, el despegue desde el mismo punto de tierra. Y por esa vía abierta, crean la imagen del niño, su presencia, sin que llegue a verse sobre el escenario, con lo que ésta se agiganta.


La puesta en escena de Schoemann deposita en el elenco la responsabilidad de crear el entorno en el que tiene lugar la acción de la obra, sin escenografía ni utilería alguna. Arropados por la iluminación y la sonoridad, que alimentan cada cuadro, actrices y actores, ataviados con distintos vestuarios, otorgan al público datos sobre el personaje que representan, como una sotana para el sacerdote, un alto sombrero a rallas, para un  hombre que podría ser chef, un chaleco antibalas para un policía, o saco y corbata para un empleado, una corbata de moño para una joven, o un gorro de lana para otra, y un uniforme de enfermera para alguien más, de modo que se pueda aludir a una sociedad heterogénea, que cambia de personaje cuando es necesario, lo que exige un arduo trabajo actoral.  

 

Es muy pronto para que quienes integran esta generación sopesen aún el privilegio que es formar parte de esta experiencia, pero más allá del  proceso de aprendizaje que continuarán una vez fuera de La Capilla, aquilatarán con el paso del tiempo, la oportunidad que Schoemann, otorga a estas nuevas actrices y actores, a través de  las herramientas para trabajar un texto impostergable, la forma de enriquecerlo a partir de quienes específicamente conforman el grupo, el hecho de enfrentarse a un público habituado a ser testigo de montajes profesionales en ese mismo teatro, que paga su boleto de entrada. Una preparación, en resumen, que es un muy valioso punto de partida.      

La riqueza que el montaje adquiere a través de las distintas formas en que cada integrante del elenco cuestiona, observa, señala y comunica al público lo que sucede al progresar la acción, se mantiene mediante un minucioso trabajo de análisis, de creación de personajes, de expresión corporal, verbal, y de movimiento, sostenidos por esta joven generación que emprende el vuelo.

El eco que las palabras generan al ser pronunciadas por una actriz, replicadas por un actor, dichas de manera individual y por momentos, también coral, permite que el público perciba la hondura del conflicto y los puntos de vista de los distintos personajes desde diferentes ángulos, como si se abriera un abanico que muestra cada uno de sus milimétricos dibujos y la profundidad de sus pliegues.

El rigor, la disciplina, y la entrega de esta generación, integrada por Juan José Aguilera, Paula Herrada, Moramay Ovalle, Radge Moreno, Andony Brey, Antonio Pina, Luiz Rivera de Lucio, Gio Mendoza, Diana Martínez, Aura Velázquez, Fran Zepeda, Lo,  y Mónica Chávez, conduce al público a una experiencia teatral que permanecerá en su memoria emotiva, visual y sonora.

 

Créditos:

 Autora: Céline Delbecq

Director: Boris Schoemann

Traducción: Nadxeli Yrízar Carrillo/ Humberto Pérez Mortera

Producción: Sistema de Apoyo a la Creación y Proyectos Culturales / Los Endebles

Asistencia de dirección: Emmanuel Pavía

Asesoría de movimiento. Bernardo Kasis Galán

Iluminación: Alan Sáenz

 Ambientación sonora:  Alejandro Preisser

Vestuario:  Gio Mendoza

Fotografía: Ignacio Hernández

LAB Capilla es un programa de formación y creación teatral impulsado por la Compañía Los Endebles A.C. y el Teatro La Capilla. Creado en 2021 con el objetivo de ofrecer una experiencia integral que combine conocimientos pedagógicos y humanos, brinda herramientas teóricas y prácticas para desarrollar montajes escénicos profesionales.

Aquí el dato: El niño salvado ofrecerá dos funciones más, el domingo 23 y el domingo 30 de agosto a las 12:30 horas en el teatro La Capilla, ubicado en Madrid # 13, Coyoacán.

 
 
 

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