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To read a Reed

5 sept
7 min de lectura

El vínculo entre Alma Reed y José Clemente Orozco ha sido no solo señalado, reconocido y estudiado sino cuestionado. ¿Hubo un interés más allá del estético y económico? Si fue solo esto último, ¿el manejo de las finanzas fue el adecuado? Las más de las voces dicen que no y solo algunas dicen que sí cuando se trata de plantear una relación más allá de la que se espera entre un pintor y su galerista.

 

Lo anterior ha circulado en testimonios tanto bibliográficos como hemerográficos, y cuando se dio la oportunidad de dar respuesta mostrando el testimonio de uno de los involucrados, la oportunidad fue terriblemente desaprovechada.

 

La cinta titulada En busca de un muro no solo fue una oportunidad perdida sino un proyecto fallido en más de un sentido. La trama va sobre la vida y obra del artista jalisciense, José Clemente Orozco, y se enfoca en la estancia que tuvo este en Nueva York, entre 1927 y 1934.

 


El proyecto fílmico se realizó a inicio de la década de 1970 bajo los auspicios y expectativas del nuevo rumbo que buscó tomar el Banco Nacional Cinematográfico (BNC), dirigido entonces por Rodolfo Echeverría, actor de cine y teatro, además de hermano del presidente, Luis Echeverría.

 

La apertura anunciada por el banco en cuanto a las temáticas, la producción y la dirección, coexistió con el concepto de “películas de aliento” que venía de la década anterior. Estas producciones tenían ambiciones estéticas mayores y se les daba un trato preferente no solo en la asignación de créditos de producción sino en cuanto al monto de estos, además de facilidades para la exhibición una vez que se diera el estreno.

 

En este momento particular es que se planteó, produjo y estrenó En busca de un muro, una biopic que oscila entre la ficción aséptica y falta de ritmo, y el documental histórico.

 

El protagonista es, evidentemente, Orozco. Sin embargo, la estelaridad es compartida con Alma Reed, quien fue galerista y mecenas del artista cuando este vivió en Nueva York y la famosa Peregrina que inspiró la canción homónima de Ricardo Palmerín y Luis Rosado Vega.

 

Ignacio López Tarso e Irán Eory fueron los elegidos para encarnar a estos personajes históricos cuya vinculación y sociedad ha ocasionado interpretaciones encontradas y generó una molestia enorme en los herederos cuando la película estaba en producción. Tanto que hasta se dio una demanda en contra de Julio Bracho, su director.

 

En 1973 Bracho declaró en entrevista que el proyecto de la biografía sobre Orozco había surgido a petición de Rodolfo Echeverría, y que ponerse al frente de ese proyecto suponía su regreso al cine luego de 4 años sin filmar. Se le preguntó entonces cómo se sentía de retornar en plena época del nuevo cine mexicano, a lo que respondió:

 

“Creo que el cine que estoy haciendo en esta película va a resultar tan nuevo como cualquiera y más moderno que otros”.

 

Y aseguró que, aunque era un tema biográfico sería de interés para todo el público. Un vaticinio que, al final, no se cumplió.

 

Entre declaraciones y demandas por parte de los hijos de Orozco, la película se estrenó hasta septiembre de 1974 y compartió cartelera con La Choca, Mecánica nacional, La isla de los hombres solos, Naranja mecánica, El hombre de la mancha y 007, vive y deja morir.

 

Mario Enrique Figueroa escribió en el diario El Nacional, la siguiente crítica:

 

“El punto de partida nos parece fallido ya que nos ofrece en desarrollo lineal (con algunos flash back demasiado largos) la vida de Orozco, su lucha por imponer su pintura, su éxito, su muerte. Es decir, la cinta está sustentada en conocidos detalles anecdóticos de la vida del pintor.


"En busca de un muro se va perdiendo en una serie de fragmentos anecdóticos y llega a plantear una clara división entre la vida y la obra de Orozco […] Julio Bracho recurre a un narrador que habla grandilocuentemente de las cualidades de la pintura de Orozco, lo cual hace derivar la película a los terrenos del documental cultural”.

 

Años después, Emilio García Riera calificó a la película de “ridículamente pretensiosa”.

 

Pretensiosa o no, lo cierto es que se nota el esfuerzo porque la película sea más que una narración de fechas importantes pero la evidente expectativa de una historia grandilocuente que remarcara el lustre del mexicano ilustre hizo que se quedara a medio camino entre el homenaje de efeméride escolar y un filme verdaderamente analítico y revelador de la figura artística pero también de su humanidad.

 

Y es que pareciera que esto último fue, en parte, lo que motivó la molestia de los herederos de Orozco, sobre todo de su hijo mayor, Clemente. Este, desde 1973, cuando la cinta estaba en producción, declaró a la prensa que los hechos sobre la estancia de su padre en Nueva York se habían falseado pues se exageraron las penurias económicas que padeció al principio. Algo que años después se confirmó con la publicación de dos corpus de correspondencia: el que tuvo Orozco con Jean Charlot, dado a conocer en el libro El artista en Nueva York; y las cartas que el artista envió a su esposa, Margarita Valladares.

 

A sus dos interlocutores Orozco habló de sus limitaciones económicas durante los primeros meses. Dijo que extrañaba la comida mexicana, el clima de su país y refirió en más de una ocasión que el cuerpo diplomático de México en Nueva York poco hacía por él mientras que apoyaba sin medida a Diego Rivera, su eterno rival.

 

Por lo que parece que Clemente Orozco Valladares buscaba no centrarse en la figura del padre en cuanto hombre y padre sino en tanto personaje mítico del muralismo mexicano. Pues al menos en un par de ocasiones acusó que Bracho había perdido la oportunidad de contar la génesis de ese movimiento pictórico.

 

En una rueda de prensa Orozco Valladares declaró que al tratarse de una historia real, el guion debió tratarse con metodología historiográfica:

 

“La narración ha de limitarse a los hechos que son trascendentes y a los que tienen relación directa con ellos, y todo testimonio histórico ha de ser evaluado”.

 

El reporte de prensa dice que Orozco Valladares hablaba con palabras entrecortadas por el evidente enojo y malestar pues la película, dijo: “Toma solo una parte de la vida del personaje que ni posee la fuerza dramática necesaria, ni mucho menos explica su vida y su obra”.

 

Sin embargo, todas las revisiones historiográficas realizadas sobre Orozco en el ámbito académico señalan la importancia fundamental del viaje y estancia del pintor en Nueva York, pues le permitió hacerse de un nombre, pintar murales en instituciones fuera de México y exponer tanto en varias ciudades de estados unidos como en Europa.

 

Luego de su estancia neoyorquina que abarcó de 1927 a 1934, el pintor volvió al país transformado en una figura de fama internacional y, además, a pintar un mural que el Estado mexicano le había encargado para el Palacio de Bellas Artes: Katharsis.

 

Los créditos de la película, mostrados al inicio, arrancan con este mensaje: “Un agradecimiento a Margarita Valladares de Orozco”. Verlo así haría pensar que la familia entera estuvo de acuerdo, sin embargo, según declaraciones de Lucía Orozco, la hija del pintor, su madre dio su visto bueno a la idea de la biografía cinematográfica pero no leyó el guion.

 

En la cinta solo aparece en este agradecimiento, pero no se le menciona por nombre en ningún diálogo ni aparece a cuadro. La constante presencia de Alma Reed, por el contrario, parece haber agregado sal a la herida del posible enamoramiento entre pintor y galerista.

 

En sus memorias, Inés amor, la fundadora de la Galería de Arte Mexicano, anotó: “Orozco negó siempre haberse enamorado de Alma Reed, pero creo que definitivamente había un interés amoroso y otro económico detrás de eso”.

 

Alma Reed se unió en sociedad con Orozco para fundar la galería Delphic Studios, que durante su existencia inicial se dedicó a promover al artista mexicano casi en exclusiva mediante su serie de dibujos y litografías titulada Mexico in revolution para el público no mexicano. Esa socialización primera de su arte tenía el objetivo de, como se tituló la película, buscar un muro y pintarlo, lo que consiguió.

 

En las cartas dirigidas tanto a Charlot como a su esposa, Orozco narró el recorrido de sus obras en numerosas galerías estadounidenses y la exposición de Mexico in revolution en París, lo que, al menos en ese momento, revela la importancia del manejo de Reed. Pese a esto, el cargo en contra provino también de Inés Amor: los malos manejos económicos de lo generado por Delphic Studios.

 

En la introducción a sus cartas publicadas como libro, Margarita Valladares anotó algunas impresiones sobre Alma Reed que hacen pensar en un enojo no resuelto y algo de celos motivados debido a la competencia por ser recordada como la figura femenina central para el genial Orozco. En su testimonio, Valladares dijo: “Siempre he tenido la idea de que [Reed] consideró la posibilidad de separarlo de su familia, pensando que esta era un obstáculo para su carrera”. 

 

En sus declaraciones a la prensa jalisciense, Lucía Orozco Valladares dijo:

 

“Esa señora no supo de ninguna forma manejar su obra: fracasó aquel Delphic Studio que había ella creado para exhibir la obra de Orozco. Tubo su actuación favorable que después desvirtuó. El prestigio que Orozco se había formado ella lo destruyó […] Se exalta demasiado esta señora e induce a los productores a caer en el error de pensar lo mismo que ella expresó […] Posiblemente (no lo aseguro) ella tendría interés sentimental en Orozco. No nada más ella […] Posiblemente (no lo aseguro) ella haya tenido en alguna ocasión interés sentimental en Orozco. Orozco, no. El único amor de su vida fue mi madre”.

 

Los documentos personales de Alma Reed no permiten leer su versión sobre estos hechos en específico ni sobre la naturaleza de su vínculo con Orozco. En su agenda de 1929 el pintor no figura de manera importante, solo guardó un par de fotos de él (una de estas grupal), y sus referencias al jalisciense son siempre en tanto artista.  

 

La película no sugiere ni veladamente que haya habido una relación más allá de lo estrictamente estético y económico, lo que hace mucho más elocuente la enorme y muy pública molestia de los herederos. El señalamiento insistente de que Reed significó menos en la biografía total de Orozco es elocuente en una interpretación de que algo se niega públicamente porque incomoda el saberlo y reconocerlo en lo íntimo.

 

En busca de un muro tuvo una corta corrida en cines y se convirtió en caballito de batalla para el echeverrismo. Ejemplo de esto es que la exhibieron en Guatemala, en noviembre de 1975, con motivo de la visita de Luis Echeverría a ese país.

 

Así la cinta también quedó en otro punto incierto: entre el homenaje por derecho propio y el producto útil para el Estado que nulifica al mitificar y neutraliza, con el sopor de una trama lenta y fragmentada, el interés del público general.


Hoy, leer a Reed pareciera imposible. ¿Su silencio íntimo al respecto es cálculo o prueba de que no hubo nada más allá?

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