En el fondo del río, un llamado a trascender el dolor y el silencio.
- Alegría Martínez

- 23 jul
- 5 min de lectura
* Cynthia Fernández Trejo escribe y codirige con Valeria Martino, a Gabriela Nuñez, Teté Espinosa, Patricia Loranca y Hazel Hamdan, en un montaje que restaura y afianza el vínculo de tres generaciones de mujeres
*Funciones sábados y domingos, hasta el 19 de agosto en La casa del Teatro
Por Alegría Martínez
El silencio se yergue en barreras endurecidas con el paso del tiempo. Secretos que esconden dolor y vergüenza enmudecen a mujeres de una misma familia. Víctimas que en su resistencia se aíslan de su propio vínculo amoroso, abren más tarde la posibilidad de un nuevo inicio, desde la mirada de una niña de 13 años, que entre juegos de infancia y cavilaciones, echa el tiempo atrás para soltar preguntas ante la incomprensión del mutismo y la ausencia.
Cynthia Fernández Trejo, autora de En el fondo del río, pone en voz de una preadolescente, la rebeldía en busca de respuestas que su madre, su tía, su abuela, y su prima, encriptaron durante años.
El texto muestra un pasado de risas, juegos y descubrimientos a la orilla y al interior de un río, en un entorno desértico. Aspacio de memorables encuentros, donde dos primas y mejores amigas, crecieron con una abuela rígida y católica, una madre atrapada entre el tiempo y el trabajo para cubrir la subsistencia propia y la de su hija, y una tía ausente, que dejó su país y a su hija, dos años mayor que su prima.

En el fondo del río muestra ese amor inmenso que solo puede haber entre dos niñas que se tienen una a la otra. Abre la mirada hacia el vacío de la pérdida y al desgarre del abuso, traducido en un embarazo adolescente, que apaga el eco de risas infantiles y cantos.
Un homenaje a mujeres, dispuestas a mirar sus grandes heridas para restaurar las propias y las familiares, propone esta obra que viaja por la vida de personajes femeninos, en un principio cerrados ante su familia cercana, víctimas de su miedo, hasta cambiar de rumbo ante a la tragedia. Vía en la que se perciben tres diferentes finales, antes de transformar el dolor en sosiego, hasta abrirse en un canto gozoso y culminar con un canto cardenche, en la nítida voz de las tres actrices que representan a las integrantes de esa familia.
Sobre el escenario, un toldo triangular alberga estufa con ollas y alacena horizontal cubierta con cortinas de tela. Refrigerador, radio, frascos, tazas y enseres de cocina, junto a la silueta proyectada de una jaula con loro, humor que lo hace testigo inmóvil y bidimensional de la acción. Una mesa de antecomedor y dos sillas, al centro, abre paso a buena parte de las escenas familiares, al interior visible de esta casa.

Un telón que simula ladrillos de un muro gris, alude al exterior del hogar, donde se proyectan diversos videos que muestran a las dos primas en convivencia con el agua, en la naturaleza. En el lateral opuesto la casa, grandes rocas grises, evocan el río, entre lienzos translúcidos que penden del telar. Una caja para juguetes, y muñecos de edades diversas, incluidos bebés, una Barbie y un Ken, forman parte de los objetos reales que conforman el universo de las dos niñas, en el que irrumpen situaciones cotidianas que la joven Romina trae al presente.
La creación de un texto joven que viaja de la realidad al pasado, cuenta con un elenco experimentado en su mayoría, conformado por Gabriela Nuñez en el papel de la abuela, Teté Espinosa, como la madre de Romina y como su prima, dos años mayor que la primera, y con Patricia Loranca en el rol de Romina y de la madre de ésta. Hazel Hamdan representa a Antonia, arrendataria, y a Elodia, una vecina.
La dirección del montaje, a cargo de su autora, Cynthia Fernández Trejo y de Valeria Martino, fiel al interés por despertar una nueva vía de comunicación, convivencia y apoyo entre mujeres en situaciones de vulnerabilidad y violencia cotidianas, que despliega el texto, genera una mezcla de conciencia, nostalgia y ternura, que provoca gran empatía con los personajes.

Algunas escenas, sobre las que el público ha recibido información previa, abren la oportunidad para acotar acciones que ilustran, y profundizar en contenidos que otorguen al público la posibilidad de imaginar y reflexionar más aún, sobre lo expuesto.
El progreso y el cambio de postura de los personajes, es susceptible de ganar mayor veracidad, si antes de adoptar el cambio fundamental, cerca del final, se pudiera percibir dosificadamente, la posibilidad de que éste ocurra.
Sin embargo, la obra tiene vida propia. La actuación de Gabriela Nuñez -que ha dado muestras previas de su capacidad para construir una amplia gama de personajes- crea con solidez a una abuela, dueña de un carácter forjado a golpes físicos y emocionales, que se refugia en su religión para sobrevivir.
Teté Espinosa, - a quien hemos visto en una amplitud de personajes diversos de buena factura- arrojada y espontánea en su rol de adolescente, estresada, y harta en su papel de madre trabajadora, transita entre estos dos, tersa y cabalmente.
Patricia Loranca, que representa a Romina, a los 13 años, con la ingenuidad y la rabia a flor de piel, también en una breve escena, hace el papel de su propia madre. Quizá, sin eliminar la información sobre la distante y casi nula relación entre hija y madre, la presencia de ésta podría sustituirse únicamente mediante la aparición de las bolsas de papel que la chica deseña.

Loranca, en su rol de la pre adolescente, conduce equilibradamente, el ímpetu de pérdida que inunda a su personaje, por la escarpada ruta que transitan las mujeres de esta familia, hasta el canto que las arropa.
Hazel Hamdan como Antonia y Elodia, arrendataria y vecina, respectivamente, simpáticos ambos personajes, similares en su afán chismográfico, aunque uno más dramático que otro, podría enriquecerse más aún, mediante ligeros cambios que evidencien las diferencias, entre uno y otro. Cabría evaluar también, la posibilidad de fundirlos en uno solo.
En el fondo del río es una obra joven y amorosa, que amplía la mirada sobre ese extraordinario amor entre primas y mejores amigas. Aborda ese antiguo mal derivado de la violencia que se expande entre generaciones de mujeres y emite un llamado a trascender, el dolor y el silencio. El montaje, apoyado por un elenco que nutre todo resquicio con su alta capacidad para crear ficción, y por un coordinado equipo creativo y técnico, comunica lo imprescindible: la posibilidad de romper el círculo vicioso de abuso y violencia que se perpetúa mucho más allá de haberlo padecido.
Aquí el dato:
Obra: En el fondo del río
Funciones: sábados y domingos, a las 19:00 horas hasta el 19 de agosto
Casa del teatro, ubicada en Vallarta # 31, colonia La Concepción, Alcaldía Coyoacán
Créditos:
Elenco: Patricia Loranca, Teté Espinosa, Gabriela Nuñez y Hazel Hamdan.
Dramaturgia: Cynthia Fernández Trejo; Dirección, Cynthia Fernández Trejo y Valeria Martino; Producción ejecutiva, Maru Arias y Valeria Martino; Coordinación de producción, Hazel Hamdan; productores asociados, Ana Arias, Gabriela Nuñez y Felipe Sotelo; Diseño de producción, Alacsva Cadenas y Cami Martino; asistentes de arte y producción, Montse Merlo y Caro G. Taboada; vestuario, Maru Arias; Diseño de iluminación, Jano Téllez y Sebastián Martínez; diseño de visuales, Felipe Sotelo; elenco de visuales, Cassandra Espinosa, Carolina Espinosa y Fernanda Espinosa; fotografía fija, Jano Téllez; diseño sonoro, Christian Giraud; técnicos, Itzel Loredo y Juan Pablo Aguallo; canto Cardenche, “Parto de esta tierra al aire”, letra, Lázaro Izael: música, Juan Pablo Villa; diseño gráfico, Cami Martino. producción de Barro Colectivo Cultural.



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